El sol tiene dificultades para llegar al suelo del pequeño bosque de plataneros. Las hojas se acumulan y alfombran de marrones tenues, creando una atmósfera otoñal. Los árboles crecen altos cruzándose y forman una estática danza. En este ambiente umbrío de grises se encuentra una fuente. El frío manantial aparece entre las piedras, cayendo sobre una tina esculpida hace tiempo en una gran losa de granito. Desde esta losa se alimenta un estanque cubierto de hojas dónde las aguas, oscuras, mantienen ese misterioso y mágico ambiente todo el año. Las rocas conforman las paredes como un frontón y parece que protegen la fuente. Están recubiertas de musgos y verdillos y todo aparece en un clima refrescante como el agua limpia que te ofrece el manantial. Sabiamente algún usuario habitual ha colocado un caño artesano fabricado toscamente con una caña para beber sin dificultades este agua que está fresca siempre, sin tener en cuenta las estaciones. En este extraordinario y a la vez sencillo lugar han sucedido episodios de mi vida que aunque de una importancia relativa recuerdo con un cariño singular. Por este motivo la necesidad de intentar describirla, cosa difícil ya que la poesía de los recuerdos está mas en nuestra mente que en los recuerdos mismos.
ñT-1987
junio 15, 2009
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